La brecha de la naturaleza

Enfrentando las disparidades raciales y económicas en la destrucción y protección de la naturaleza en los Estados Unidos

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La brecha de la naturaleza
Getty/Jeff Swensen/The Washington Post

Un padre camina con sus hijos en un barrio de Pittsburgh, Pennsylvania, el mayo 2016.

Para ver la lista de las notas finales, mira el PDF adjunto o la versión web en inglés de este informe.

Introducción y resumen

El agua potable, el aire limpio, los parques y las playas públicas, la biodiversidad y los espacios abiertos, son bienes compartidos para los cuales toda persona en los Estados Unidos tiene el mismo derecho tanto en principios como en ley. Se supone que la naturaleza es un “gran igualador” cuyos servicios son gratuitos, universales y accesibles para todos los humanos sin discriminación.i En la realidad, sin embargo, la sociedad estadounidense distribuye los beneficios de la naturaleza—y los efectos de su destrucción y deterioro—desigualmente según la raza, los ingresos y la edad.

El reciente ajuste de cuentas de la nación con el racismo y la violencia contra los negros ha puesto en el foco las injusticias y disparidades ambientales que existen desde hace mucho tiempo. Las historias de Christian Cooper, amenazado con violencia y arresto mientras observaba aves en el Central Park, y Ahmaud Arbery, asesinado mientras trotaba por una calle arbolada en la costa de Georgia, se encuentran entre las innumerables historias de personas negras, de color e indígenas que mientras buscan disfrutar del aire libre, han sido amenazadas, asesinadas o se sienten inseguras o no bienvenidas.ii

Mientras, las injusticias ambientales de larga data como la concentración de contaminación tóxica del aire y la polución del agua cerca de las comunidades de color, se han exacerbado por la pandemia de coronavirus en curso, con comunidades negras, indígenas y latinas que experimentan una mayor tasa de hospitalización y muerte relacionadas con el virus que las comunidades blancas.iii Además, en muchas partes del país, la pandemia de coronavirus ha expuesto una distribución desigual e inequitativa de los espacios exteriores cercanos para la recreación, el descanso y disfrute. Particularmente en comunidades de color y comunidades de bajos ingresos, las familias tienen muy pocos parques y costas seguros cerca de casa donde puedan salir.iv En este momento de distanciamiento social, cuando el aire limpio y fresco es el más deseado y necesario, la naturaleza está fuera del alcance para demasiadas personas.

La distribución desigual de la naturaleza en Estados Unidos y las experiencias de injusticia que muchas personas de color tienen al aire libre, son problemas que los líderes nacionales, estatales y locales ya no pueden ignorar. Con los científicos instando a los encargados de formular políticas públicas a proteger al menos el 30 por ciento de las tierras y los océanos de EE.UU. de aquí a 2030 para abordar la crisis de biodiversidad y clima, ahora es el momento de imaginar cómo, al proteger muchas más tierras y aguas durante la próxima década, Estados Unidos puede garantizar que cada niño en la nación tenga la oportunidad de disfrutar de los beneficios de la naturaleza cerca de su hogar.v

Utilizando un nuevo análisis de Conservation Science Partners (CSP), encargado por la Hispanic Access Foundation (HAF) y el Center for American Progress, este informe examina la distribución de las áreas naturales restantes de Estados Unidos para comprender los tipos y el alcance de las disparidades en el acceso a la naturaleza que existen en los Estados Unidos.vi Este informe tiene la intención de complementar, no suplantar, las muchas voces individuales y los esfuerzos de base que han hecho llamados y han trabajado para resolver las muchas inequidades e injusticias en la política estadounidense de recursos naturales. Los datos en este informe ayudan a confirmar la escala de las disparidades raciales y económicas en el acceso a la naturaleza en los Estados Unidos. En particular, este informe revela que Estados Unidos tiene menos bosques, arroyos, humedales y otros lugares naturales cerca de donde viven los negros, latinos y asiático-americanos. En especial, las familias con niños—sobre todo las familias de color con niños—tienen menos acceso a naturaleza cercana que el resto del país. En otras palabras, estas comunidades están privadas de la naturaleza.

Estas disparidades son particularmente preocupantes porque la naturaleza no es una amenidad, sino una necesidad para la salud y el bienestar de todos. En los lugares donde las actividades humanas han destruido la mayor parte de la naturaleza en los Estados Unidos, hay menos árboles para filtrar el aire y dar sombra en un día caluroso; hay menos humedales y pantanos para limpiar el agua, y proteger a las comunidades de las inundaciones y las marejadas ciclónicas; hay menos parques donde los niños pueden aumentar su curiosidad y menos senderos donde los adultos pueden estirar las piernas; hay menos espacios públicos donde personas de todas las razas, culturas y orígenes puedan forjar experiencias y entendimientos comunes que generen respeto, confianza y solidaridad.vii

Para corregir la distribución desigual de la naturaleza en Estados Unidos, entre otras barrerasviii que enfrentan las comunidades marginadas racial y económicamente, así como las personas LGBTQ y discapacitadas para acceder al aire libre, este informe presenta varias recomendaciones para que los encargados de redactar políticas consideren, entre ellas: crear más oportunidades al aire libre cerca del hogar en comunidades de color y comunidades de bajos ingresos; cambiar las prácticas de contratación y lugar de trabajo en agencias gubernamentales, organizaciones sin fines de lucro y fundaciones para crear equipos de liderazgo, juntas directivas y personal más representativos; mejorar  la consulta con las naciones tribales y buscar más oportunidades para la cogestión tribal de los recursos naturales, y trabajar para superar la brecha de la naturaleza entre los niños reforzando los programas de educación y divulgación. Sin embargo, en líneas generales, los resultados de este informe afirman la necesidad urgente de que Estados Unidos persiga el objetivo ambicioso de proteger al menos el 30 por ciento de las tierras y los océanos para 2030, y que lo haga de una manera que garantice que los beneficios de la naturaleza sean más equitativos y distribuidos de manera justa entre todas las comunidades de la nación.

Antecedentes del análisis

Este informe examina las disparidades étnicas, raciales, económicas y de otro tipo en la distribución actual de áreas naturales en los Estados Unidos. Sin embargo, no pretende ofrecer una respuesta satisfactoria o integral a las preguntas de cómo y por qué surgieron estas disparidades. Aún así, estas preguntas son de vital importancia y un cuerpo de estudios y activismo profundamente arraigado, arroja luz sobre los sistemas de poder y supremacía blanca que han provocado la aparición de estas disparidades.ix

Vale la pena declarar algo por adelantado: la distribución desigual de los beneficios de la naturaleza en los Estados Unidos no es resultado de una elección por consenso de las comunidades de color o comunidades de bajos ingresos de vivir cerca de menos naturaleza, de permitir una mayor destrucción de la naturaleza cercana, o renunciar a su derecho al aire y el agua limpia.x La privación de la naturaleza es, en cambio, una consecuencia de una larga historia de racismo sistémico.

Los datos que desarrolló CSP no pueden analizarse adecuadamente sin tener en cuenta este contexto de racismo ambiental, incluidas las siguientes realidades:

  • La discriminación y el racismo en los Estados Unidos han tenido profundos efectos en los patrones de asentamiento humano y en los patrones de protección para las áreas naturales restantes de la nación. Las prácticas discriminatorias, la migración forzada y la segregación económica son solo algunas de las políticas injustas y fuerzas que han creado barreras y un gradiente de distancia de las áreas naturales restantes de los Estados Unidos para las personas de colorxi.
  • La historia de las tierras públicas en los Estados Unidos tiene sus raíces en el despojo violento de tierras de los nativos americanos. Durante siglos, los colonos en América del Norte desplazaron a las tribus de sus tierras ancestrales y se dedicaron a la destrucción deliberada de recursos naturales vitales, muchos con importancia económica y cultural, como una herramienta de genocidio contra la población indígena.xii Este legado continúa en el fracaso reiterado del gobierno de los Estados Unidos por cumplir con sus obligaciones con el país indio que están consagradas en los tratados a través de los cuales adquirió grandes extensiones de tierra india.xiii El gobierno federal tiene la obligación legal de garantizar que las tribus puedan acceder a los recursos naturales para proteger su soberanía, cultura y bienestar económico.xiv Sin embargo, con demasiada frecuencia, el gobierno ha sancionado el desarrollo que amenaza los sitios sagrados, debilita y elude las consultas tribales e ignora las preocupaciones tribales sobre la degradación ambiental.xv
  • Históricamente, Estados Unidos ha segregado y excluido sistemáticamente a las personas de color de las tierras públicas y otros lugares naturales. Los negros han experimentado la segregación desde el Cuerpo de Conservación Civil al Sistema de Parques Nacionales. Las tierras públicas de la nación, las playas y otras áreas naturales, también han sido lugares en los que las comunidades de color han sido objeto de racismo legalizado e institucionalizado.xvi Los legados de esta exclusión persisten en muchas formas, incluso en la continua representación insuficiente de personas de color contratadas en agencias de recursos naturales, así como en las historias de diferentes grupos representados por parques nacionales y tierras públicas. También afecta las visitas a parques nacionales y otras tierras públicas, y la participación en actividades recreativas al aire libre, y hace que las personas de color sientan que no son bienvenidas o en peligro en la naturaleza.xvii
  • Las personas de color han sido y siguen siendo objeto de violencia, intimidación y amenazas cuando están en la naturaleza. La  amplia criminalización social de las personas de color—y la amenaza que conlleva la brutalidad policial e incluso el asesinato—puede exponerse en parques y terrenos públicos.xviii Quienes participan en actividades al aire libre corren el riesgo de ser atacados, estereotipados y perjudicados simplemente por disfrutar de la naturaleza o incluso tratar de protegerla, como quedó claro en el caso de Christian Cooper.xix Experiencias como la suya llevaron a acuñar la frase “observación de aves siendo negro”, para describir el riesgo, las dificultades y la alienación que sufren las personas de color en ciertos espacios al aire libre.xx
  • Las personas de color han sido tradicionalmente excluidas del movimiento conservacionista estadounidense. Durante más de un siglo, el movimiento para proteger parques, tierras públicas y otros lugares naturales en los Estados Unidos ha estado dominado por personas y perspectivas blancas.xxi La discriminación y el marco de las prioridades de conservación a través de esta lente exclusiva—reforzada por la representación insuficiente de personas de color en el personal y en puestos de liderazgo de las organizaciones de conservación, fundaciones y agencias de recursos naturales—ha perpetuado la división racial en el acceso a la naturaleza.xxii

En la siguiente sección, al evaluar los datos discutidos, es importante reconocer que las personas de color han experimentado un acceso desigual a la naturaleza. Estados Unidos no debe perpetuar las desigualdades existentes, que tienen un costo real en términos de salud y bienestar económico de estas comunidades.

Analizando las inequidades en la pérdida de área natural

Estados Unidos está perdiendo un área del tamaño de un campo de fútbol cada 30 segundos. Esto equivale cada año a la pérdida de bosques, humedales, pastizales y otros lugares naturales que, combinados, son aproximadamente del tamaño del Parque Nacional Everglades.xxiii Los efectos de estas pérdidas no se distribuyen equitativamente entre los grupos socioeconómicos y raciales. Según un nuevo análisis de CSP, CAP y HAF, los patrones de desarrollo incluida la expansión urbana, la construcción de carreteras, tuberías y líneas de transmisión, así como la perforación, la minería y la tala, han tenido un impacto desproporcionadamente grande en las comunidades de color y de bajos ingresos. Como resultado, las familias negras, latinas, asiáticas, nativo-americanas y de bajos ingresos tienen muchas más probabilidades que las familias blancas de vivir en un lugar privado de los beneficios que brinda la naturaleza, incluidos los lugares cercanos que les permiten salir de manera segura, así como acceder a agua y aire limpios, además de una diversidad de vida silvestre.

Figura 1

Figura 2

Para comprender mejor las cargas e impactos desproporcionados de la destrucción y el deterioro de la naturaleza en todo el país, CSP reunió información de docenas de conjuntos de datos para crear la imagen más completa a la fecha de cómo las actividades humanas han modificado las áreas naturales en los Estados Unidos. El equipo científico de CSP superpuso esta imagen de la huella humana en la naturaleza en los 48 estados más bajos y Washington, D.C., con datos demográficos de entre 2013-2017 de la Oficina del Censo de los EE.UU., desglosados en pequeñas áreas geográficas conocidas como secciones censales, que son del tamaño de un barrio en términos de población.xxiv Los datos demográficos incluyen información sobre raza y etnia, ingresos y estructura familiar dentro de cada sección censal.

Utilizando los datos y el análisis de CSP, este informe proporciona una evaluación inicial de las disparidades demográficas en la concentración y distribución de la naturaleza. El análisis se refiere a una sección censal como “privada de la naturaleza” si tiene una mayor proporción de área natural perdida por la actividad humana, incluida la expansión urbana y otras acciones mencionadas anteriormente, que la media a nivel estatal. Los datos revelan diferencias sustanciales en el grado de privación de la naturaleza que enfrentan diferentes grupos raciales, étnicos, de ingresos y de estructura familiar. La Tabla 1 resume algunos de estos hallazgos, pero hay al menos tres tendencias que son particularmente preocupantes:

  1. Las comunidades de color son tres veces más propensas que las comunidades blancas a vivir en lugares privados de naturaleza. El 74 por ciento de las comunidades de color en Estados Unidos continental vive en áreas privadas de naturaleza, en comparación con solo el 23 por ciento de las comunidades blancas.
  2. El setenta por ciento de las comunidades de bajos ingresos en todo el país viven en áreas privadas de naturaleza. Esta cifra es 20 por ciento más alta que la cifra para aquellos con ingresos moderados o altos.
  3. La destrucción de la naturaleza ha tenido mayor impacto en las comunidades de bajos ingresos de color. Más del 76 por ciento de las personas que vive en comunidades de color con bajos ingresos reside en lugares privados de naturaleza.

La privación de naturaleza tiene consecuencias. Las comunidades que están sufriendo más los impactos y costos de la destrucción de la naturaleza también están recibiendo menos beneficios de ésta, incluida la purificación del aire y el agua; la mitigación del clima; la biodiversidad y el control de enfermedades, y las oportunidades de ocio y recreación.

Los estudios han encontrado que, debido a que tienen más probabilidades de vivir en áreas contaminadas sin suficiente cobertura de árboles y espacios para salir al aire libre, las personas de color y las comunidades de bajos ingresos son más susceptibles de desarrollar enfermedades inmunocomprometidas como el asma, un factor de riesgo para COVID19.xxv Los estudios incluso han establecido un vínculo directo entre la exposición a la contaminación del aire y la mortalidad por COVID-19.xxvi Mientras, el acceso a la naturaleza urbana—y específicamente la adición de espacios verdes a los barrios más pobres—puede proporcionar beneficios para la salud mental. De hecho, los científicos estiman que cada dólar gastado en la creación y mantenimiento de senderos de parque puede ahorrar casi tres dólares solo en atención médica, un beneficio que se está negando a las comunidades con mayores dificultades económicas.xxvii

Los espacios naturales también actúan como reguladores del clima que mitigan las islas de calor urbano (áreas metropolitanas que son más cálidas que las áreas rurales circundantes debido a sus superficies y las actividades humanas que tienen lugar), enfriando el área circundante hasta en 10 grados Fahrenheit.xxviii Estos son aún más importantes, dado que el cambio climático ya está en vías de afectar desproporcionadamente a aquellos con la menor cantidad de recursos económicos para la adaptación.xxix

Variaciones estatales y locales, así como puntos críticos de privación de naturaleza

Más allá de las disparidades nacionales en la distribución de la naturaleza entre los grupos raciales y económicos, los datos revelan las disparidades a nivel estatal. Al principio, vale la pena señalar que, en todos los estados, excepto Nuevo México y el Distrito de Columbia, las secciones censales clasificadas como blancas tenían la privación natural más baja de cualquier grupo racial y étnico. (ver Figura 3 y el mapa del Apéndice)

Figura 3

Figura 4

En contraste, en 26 estados, las comunidades negras experimentaron los niveles más altos de privación de naturaleza. En 16 estados, las comunidades asiáticas experimentaron la mayor privación de naturaleza. Las personas hispanas y latinas experimentaron la mayor privación de naturaleza de todos los grupos raciales y étnicos en ocho estados. Como se muestra en la Figura 2, la pérdida de área natural es particularmente aguda para las comunidades hispanas y latinas a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México en el sur de Texas; alrededor de El Paso, Texas, y en otras comunidades fronterizas en Nuevo México y Arizona.

La evaluación de los datos a nivel estatal por ingresos muestra que, en casi dos tercios de los estados, los residentes de bajos ingresos tenían más probabilidades de vivir en áreas privadas de naturaleza, mientras que en 16 estados, los que tenían mayores ingresos eran menos probable que vivieran en zonas desfavorecidas. (ver Figura 4)

El análisis también identificó los llamados tramos de zonas críticas, donde existe la mayor proporción de personas de color u hogares de bajos ingresos y la mayor proporción de privación de naturaleza. (ver Figura 5) Para abordar las disparidades raciales y económicas actuales en la privación de naturaleza, los formuladores de políticas y los activistas podrían usar esta información para ayudar a identificar comunidades que deberían priorizarse para inversiones en conservación, nuevos parques o proyectos de restauración. La identificación de estos puntos críticos también podría informar la toma de decisiones a nivel de proyecto, como analizar cómo una venta de arrendamiento de petróleo o un nuevo camino afectaría un punto crítico de privación de naturaleza socioeconómica. Estos datos también podrían usarse en concierto con la Herramienta de Investigación y Mapeo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés), que estima la exposición a 11 riesgos para la salud ambiental diferentes a nivel de grupo de bloque censal.xxx

La privación de naturaleza y los niños

Ningún grupo etario necesita más la naturaleza que los niños. Los estudios muestran de manera consistente que los niños que pasan tiempo al aire libre en entornos naturales experimentan una mejora en la salud y las funciones cognitivas, una fuerte coordinación motora, una reducción del estrés y una mejora de la habilidad social.xxxi Los estudiantes que pasan más tiempo al aire libre, incluidos los alumnos de bajos ingresos, tienden a obtener mejores resultados en las pruebas estandarizadas, demuestran más entusiasmo hacia la escuela y tienen menos problemas de asistencia.xxxii Según un estudio, simplemente tener más cobertura arbórea en un vecindario podría representar hasta el 13 por ciento de la variación en los resultados de los estudiantes. El estudio reveló que el efecto positivo era más fuerte en las escuelas que enfrentaban los desafíos socioeconómicos más externos.xxxiii

Sin embargo, los datos de CSP indican que los niños en los Estados Unidos tienen mucha menos naturaleza cerca que la población general. Específicamente, las secciones censales en los 48 estados contiguos y Washington, D.C., con un gran número de familias con niños menores de 18 años, tienen casi el doble de probabilidades de vivir en áreas privadas de naturaleza que las familias que no tienen niños menores de 18 años. En todos los estados, con la excepción de Luisiana, las familias y las personas con niños pequeños estaban más privadas de la naturaleza que las familias y las personas sin niños pequeños. Estos datos hacen eco del hallazgo de Trust for Public Lands de que 27 millones de niños carecen de acceso a un parque de calidad cerca de su hogar.xxxiv

Para familias de bajos ingresos con niños y familias de color con niños, las disparidades en el acceso a la naturaleza son aún más graves. (ver Figura 6) Tres cuartos de los distritos censales con un gran número de familias de color con niños viven en lugares privados de naturaleza, mientras que menos del 40 por ciento de las familias blancas con niños lo hacen. Las familias negras, latinas o hispanas con niños fueron las más privadas de naturaleza de cualquier raza o etnia examinada.

Figura 6

Extracción de energía como motor de la privación de naturaleza

En las últimas dos décadas, el auge del petróleo y el gas en los Estados Unidos ha impulsado una rápida expansión en una red de tuberías, plataformas de pozos, carreteras y otra infraestructura que está fragmentando las áreas naturales y el hábitat de la vida silvestre. Este auge de la energía ha empujado la infraestructura de los combustibles fósiles cada vez más cerca de las escuelas y los vecindarios, contribuyendo a una mayor contaminación del aire y el agua, derrames y accidentes industriales, y la pérdida de la naturaleza cercana.

Los datos generados por CSP confirman que, junto con la expansión urbana, el desarrollo energético es uno de los principales impulsores de la pérdida de área natural en los Estados Unidos, causando la pérdida de al menos 6 millones de acres de área natural entre 2001 y 2017. En ciertas regiones del país, esta explosión de infraestructura energética ha tenido un impacto desproporcionado en el acceso a la naturaleza para algunas comunidades no blancas y de bajos ingresos.xxxv

Por ejemplo, en partes de los Apalaches donde la minería del carbón se ha concentrado más—incluyendo Kentucky, Virginia Occidental y el suroeste de Virginia—las comunidades de bajos ingresos están ubicadas en áreas con niveles de pérdida de naturaleza más altos que el promedio, debido al desarrollo de energía.

Mientras, en Colorado, las comunidades hispanas y latinas tienen más desarrollo energético cerca que cualquier otro grupo racial o étnico. En el centro de California, el auge del fracking del estado y la consiguiente pérdida de áreas naturales se han concentrado cerca de las comunidades hispanas y latinas.xxxvi 

Los nativo-americanos en particular, están experimentando impactos desproporcionados del desarrollo del petróleo, gas y carbón en la tierra, el agua y la vida silvestre. En 22 estados, las comunidades nativo-americanas se encuentran en lugares con el mayor o segundo mayor desarrollo energético de todos los grupos raciales y étnicos. Como se muestra en la Figura 7, en la Nación Navajo y partes de la Reserva de Ute Mountain en el suroeste, por ejemplo, las poblaciones nativo-americanas experimentan una pérdida de área natural superior al promedio, debido al desarrollo de petróleo y gas en tierras públicas cercanas.

Privación de la naturaleza y derechos indígenas

El desarrollo energético en tierras públicas que amenaza sitios sagrados, agota los recursos naturales o contamina el medio ambiente, es especialmente atroz porque a menudo se deriva de la violación sistémica del gobierno de los EE.UU. de sus obligaciones de confianza y tratados con las naciones tribales.xxxvii Se requiere que Estados Unidos respete la soberanía tribal, incluso sobre los recursos naturales, por lo que las acciones que pueden afectar el acceso de una tribu a tierras, aguas y vida silvestre económica o culturalmente significativas deben someterse a un proceso de consulta formal.xxxviii En la práctica, sin embargo, Estados Unidos a menudo no logra involucrar significativamente a las tribus en las decisiones sobre recursos naturales.xxxix

La administración Trump ha exacerbado este fracaso, exhibiendo como patrón el ignorar los aportes tribales o realizando consultas insuficientes de gobierno a gobierno. En Nuevo México, por ejemplo, la administración ha ignorado los aportes tribales al proponer expandir el desarrollo de petróleo y gas cerca del Cañón del Chaco, la patria ancestral de las tribus Pueblo y de importancia cultural para la Nación Navajo.xl Los nativos de Alaska enfrentan desafíos similares al registrar sus perspectivas con respecto de la prisa de la administración por perforar en busca de petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico y la Reserva Nacional de Petróleo en Alaska, así como sus esfuerzos por talar el Bosque Nacional Tongass.xli En medio de la pandemia, los líderes tribales y sus aliados en todo el país han pedido una pausa en los períodos de comentarios y decisiones importantes hasta que las tribus, que están experimentando una devastación desproporcionada por el coronavirus, puedan participar de manera significativa.xlii

Tratar la consulta tribal como una formalidad u ocurrencia tardía que se puede eludir, es un factor que contribuyente central a la pérdida de la naturaleza cerca de las tribus debido al desarrollo de energía. Para abordar el déficit de naturaleza, las tribus no deben ser excluidas de la etapa de diseño y conceptualización de los planes para administrar los recursos naturales, y las actividades extractivas no deben priorizarse por sobre la soberanía tribal.

Recomendaciones de políticas para resolver las inequidades de la pérdida de áreas naturales

Proporcionar acceso equitativo a la naturaleza, reducir el impacto desproporcionado de la contaminación en las comunidades de color y las comunidades económicamente desfavorecidas, y abordar los legados de racismo e injusticia en la política de recursos naturales son prioridades centrales en cualquier esfuerzo por conservar mejor la naturaleza en los Estados Unidos. Si bien este informe se enfoca principalmente en las inequidades raciales y económicas—que son fácilmente aparentes a través de los distritos censales—debe tenerse en cuenta que las tierras públicas y la naturaleza también pueden ser espacios no acogedores y excluyentes para muchas poblaciones deliberadamente ignoradas, incluidas las comunidades LGBTQ y las personas discapacitadas. En el caso de las personas LGBTQ, la falta de datos recopilados por el censo de EE.UU. sobre orientación sexual e identidad de género hace que sea imposible evaluar el alcance de la privación de naturaleza. El acceso equitativo debe considerar cómo las diferentes comunidades ven, usan y valoran la naturaleza: desde los parques comunitarios y las costas, hasta las áreas de recreación y la vida silvestre.

Que una comunidad de color tenga tres veces más probabilidades de vivir con privación de naturaleza que sus contrapartes blancas no sucede por casualidad. Como se discute al comienzo de este informe, el acceso desigual a la naturaleza es el resultado directo del racismo sistémico en los Estados Unidos. Sus síntomas no pueden tratarse completamente hasta que se aborde la afección subyacente. Con el reconocimiento de que estas recomendaciones por sí solas distan de ser suficientes para resolver los complejos y entrelazados problemas del racismo ambiental, las siguientes secciones detallan siete políticas que comenzarían a abordar las inequidades y los efectos desproporcionados de la pérdida de la naturaleza en las comunidades de color y las comunidades de bajos ingresos.

Establecer un objetivo inclusivo para proteger el 30 por ciento de las tierras y el océano para 2030

Como punto de partida para abordar la crisis natural más amplia, los científicos recomiendan proteger al menos el 30 por ciento de las tierras y el océano de los EE.UU. en estado natural para 2030 (un objetivo conocido como 30×30). El 73 por ciento de los votantes en los estados del oeste apoyan la iniciativa nacional, al igual que el 82 por ciento de los latinos en esos estados.xliii

Además de proteger nuevas áreas, los gobiernos deberían tratar de restaurar las tierras y aguas degradadas que han perjudicado la salud y calidad de vida de las comunidades en todo el país. Durante demasiado tiempo, los costos e impactos de la extracción de recursos naturales y la contaminación han caído desproporcionadamente en las comunidades de bajos ingresos y las comunidades de color en los Estados Unidos. Esto debe abordarse a través de políticas y programas de restauración para tapar pozos huérfanos, recuperar minas abandonadas, limpiar sitios superfund y brownfield, y reforestar el dosel urbano de árboles.

Adoptar una meta de 30×30 es solo el comienzo del trabajo significativo necesario para construir un plan sólido, ambicioso, inclusivo y equitativo para proteger los sistemas naturales en beneficio de todas las comunidades de los Estados Unidos. Cuánta naturaleza proteger, cómo, dónde y para quién, debe honrar y explicar las perspectivas de todas las personas, incluidas las comunidades que se ven desproporcionadamente afectadas por la degradación de los sistemas naturales; comunidades que no tienen igual acceso al aire libre; naciones tribales cuyos derechos soberanos sobre tierras, aguas y vida silvestre deben ser respetados; comunidades de justicia ambiental en la primera línea del cambio climático; comunidades de color, y otras poblaciones históricamente marginadas.

Aumentar la consulta y el compromiso con las comunidades y empoderarlas para liderar en la toma de decisiones

Todos los niveles de gobierno deben apuntar hacia la creación y apoyo a programas y vías para que las comunidades sub atendidas no solo proporcionen comentarios o consultas sobre las decisiones que afectan su entorno, sino que también asuman la iniciativa en la toma de decisiones. Esto permitiría a quienes se ven directamente afectados por la pérdida de áreas naturales y la falta de acceso a parques y tierras públicas, la oportunidad de tener su voz elevada y centrada en una conversación en la que sus intereses son más altos, como cuando las tierras públicas se arriendan para el desarrollo de energía. En el nivel más básico, los esfuerzos hacia este fin deben incluir la provisión de recursos en otros idiomas además del inglés y asegurar que las comunidades afectadas puedan proporcionar comentarios y consultas públicas significativas.

A largo plazo, debería incluir la mejora de los procesos de consulta y comentarios públicos para ser proactivos en lugar de reaccionarios, así como involucrar a las partes interesadas de la comunidad en el proceso de construcción y diseño de planes de gestión de recursos, en lugar de abordarlos para recibir comentarios después de que un proyecto ya se haya conceptualizado. Los formuladores de políticas también deberían considerar soluciones estructurales, como nuevos modelos de conservación que faciliten la declaración y el manejo de nuevas áreas protegidas por parte de las comunidades como las tribus indígenas, cuyas contribuciones han sido históricamente ignoradas o socavadas por los gobiernos estatales y federales.

Asegurar que el personal y el liderazgo reflejen a las comunidades a las que sirven

Las agencias gubernamentales, organizaciones sin fines de lucro, fundaciones y compañías privadas deben tratar de aumentar la representación de personas de color, personas LGBTQ y otras comunidades privadas de la naturaleza dentro de sus propias filas. La investigación realizada por la Green Diversity Initiative—un grupo que rastrea datos demográficos en organizaciones ambientales—encontró que menos del 25 por ciento del personal de organizaciones y fundaciones ambientales no gubernamentales en los Estados Unidos se identifica como personas de color.xliv Los activistas del color de las actividades al aire libre han pedido durante mucho tiempo que las organizaciones y el gobierno diversifiquen su personal y liderazgo, integrando perspectivas históricamente marginadas sobre la naturaleza en el tejido de la toma de decisiones sobre recursos, poniendo fin a la exclusión de las personas marginadas del acceso al poder institucional.

Ver la diversidad reflejada en el personal es un primer paso para romper las barreras culturales que alienan y ponen en peligro a las personas de color en los parques y otras áreas naturales. En la práctica, esto podría incluir esfuerzos activos para reclutar en colegios y universidades históricamente negros, escuelas del Bureau of Indian Education, además de colegios y universidades tribales, instituciones que sirven a los hispanos, otros sistemas escolares de minorías y grupos de solicitantes igualmente descuidados. El Proyecto MANO de Hispanic Access Foundation es un ejemplo de un programa de reclutamiento que está trabajando con agencias de conservación para ubicar a jóvenes profesionales latinos en posiciones para construir una fuerza laboral que refleje a la población a la que sirven.xlv Finalmente, es importante que las organizaciones también examinen los sistemas internos que podrían perjudicar a los empleados de entornos poco representados para que las voces diversas sean elevadas e iguales, no una muestra de incorporación selectiva. Los informes de métricas sobre contratación y retención son herramientas esenciales para el seguimiento y la rendición de cuentas.xlvi

Poner fin a la brecha de acceso infantil a la naturaleza a través de programas de educación y divulgación

Los estudios han demostrado que pasar tiempo en la naturaleza no solo es beneficioso para el desarrollo del niño, sino que también es un factor crucial en la formación de una apreciación de la naturaleza para toda la vida.xlvii  El aumento de la exposición al aire libre para los niños pequeños podría ayudar a romper el círculo vicioso de la privación de naturaleza, que contribuye a que muchas comunidades excluidas se vean arrebatadas de oportunidades de empleo y liderazgo para la conservación.

Los programas de financiación para niños—especialmente aquellos en distritos escolares de bajos ingresos y rediseñados con una alta proporción de estudiantes de color de bajos ingresos—pueden servir como un punto de palanca para sacar a los niños afuera al proporcionar excursiones, programas STEM basados en la naturaleza y recursos extracurriculares. Los gobiernos federales y estatales deberían consultar programas como Every Kid in A Park o New Mexico Outdoor Equity Fund al considerar cómo corregir las marcadas disparidades raciales y económicas en las experiencias de naturaleza formativa.xlviii La acción del gobierno en esta área es una inversión y un ecualizador especialmente importantes para romper las barreras para las familias que no tienen recursos adicionales para el ocio o el transporte a la naturaleza.

Proteger más áreas de recreación cercanas al hogar y hacer que sean acogedoras para todos

Los gobiernos, en todos los niveles, deben crear y mejorar tierras públicas en lugares accesibles. Las llamadas áreas frontales del país ofrecen entornos naturales cercanos al hogar y experiencias de recreación al aire libre, que permiten a las personas experimentar la naturaleza sin necesidad de viajar a un destino distante. Se debe hacer hincapié en los parques accesibles en el campo cerca de comunidades de color, comunidades de bajos ingresos y áreas urbanas.

Si bien el movimiento conservacionista se ha centrado tradicionalmente en proteger áreas remotas silvestres, un número creciente de proyectos urbanos muchos de ellos centrados en la equidad y la participación comunitaria, están demostrando que las ciudades pueden restaurar y proteger la naturaleza con todos sus beneficios para la salud y el clima dentro de sus límites.xlix Los encargados de redactar políticas también deberían centrarse en aumentar las protecciones y la accesibilidad a las áreas naturales cercanas a las ciudades, especialmente aquellas que tienen vínculos históricos con grupos privados de la naturaleza. Esto podría incluir, por ejemplo, las expansiones propuestas de monumentos y áreas recreativas valoradas por las comunidades latinas en el sur de California o el Parque Nacional Biscayne, que debe su existencia cerca de Miami al conservacionista negro Lancelot Jones.l

Las agencias de gestión de tierras también deben redoblar sus esfuerzos para atraer e involucrar a los visitantes a través de programas de divulgación, programación cultural, interpretación y servicios, incluido el acceso seguro y equitativo a baños, programas y cualquier otra instalación segregada por sexo basada en la identidad de género, que sean inclusivos y adecuados a las necesidades e intereses de una amplia gama de comunidades. La señalización, la información y los recursos de seguridad en parques y terrenos públicos deben ser multilingües y culturalmente apropiados.li

61 millones de personas en los Estados Unidos—uno de cada cuatro—tienen algún tipo de discapacidad.lii Requisitos legales de acceso y mejores prácticas tales como los requisitos federales para espacios al aire libre desarrollados por U.S. Access Board and the National Park Service’s All In! deben seguir una estrategia para garantizar que las personas mayores y discapacitadas puedan acceder a espacios al aire libre.LIII En relación con esto, la aprobación de la Ley de Igualdad ayudaría a asegurar la protección legal contra la orientación sexual o la discriminación por identidad de género en los programas financiados por el gobierno federal.

Invertir en soluciones de tránsito que se conecten con los principales sistemas de transporte público comenzaría a eliminar las barreras de distancia física y costos que enfrentan las comunidades urbanas privadas de la naturaleza, y los trabajadores de bajos salarios y turnos para participar en actividades recreativas y de entretenimiento al aire libre. La Ley de Tránsito a Senderos ordenaría al Departamento de Transporte de los EE.UU. que establezca un programa de subvenciones para financiar sistemas de transporte accesibles en comunidades con servicios críticos para mejorar el acceso equitativo a la naturaleza. Las agencias deben considerar los costos y tarifas ocultos y explícitos que restringen el acceso a la participación en actividades aire libre, incluido el acceso a los ecosistemas oceánicos, así como priorizar las formas de disminuir o cambiar esa carga de una manera más equitativa. Las organizaciones comunitarias asociadas deben recibir apoyo en esfuerzos como Latino Conservation Week de HAF, que alienta a los parques, refugios y más, a introducir e involucrar a sus comunidades en la conservación y la defensa. O la Cumbre LGBTQ al aire libre anual, cuyo objetivo es construir una comunidad y hacer las actividades al aire libre más inclusivas de la comunidad LGBTQ.liv

Mejorar la consulta tribal y ampliar las oportunidades de cogestión

El acceso a la naturaleza, incluida la propiedad, la gestión y la dotación de personal de tierras públicas, no solo es una necesidad moral y socioeconómica para reducir las disparidades, sino que también es un derecho legal de los indios americanos y las personas nativas de Alaska.lv Legisladores federales, estatales y locales, así como los líderes nacionales de conservación, deberán iniciar consultas formales con los líderes tribales para determinar cómo apoyar mejor las prioridades de conservación y de recursos naturales y la visión de las naciones tribales, tanto en tierras de propiedad tribal como no tribal. Esto debería incluir la exploración de oportunidades y modelos adicionales para la cogestión genuina de tierras públicas y recursos naturales, así como fondos federales suficientes para mantener las obligaciones de confianza y tratados.

A nivel internacional, la conservación dirigida por indígenas ha tenido resultados positivos para el bienestar socioeconómico, la salud del ecosistema y la lucha contra el cambio climático, a través de la reducción de emisiones y una mejor administración de los sumideros de carbono.lvi En países como Canadá, Brasil y Australia, los estudios revelan que las tierras bajo manejo indígena contienen más biodiversidad que áreas similares bajo manejo no indígena.LVII Esfuerzos internacionales exitosos pueden ofrecer modelos para los Estados Unidos, para un  mejor reconocimiento  y apoyo a  la conservación liderada por indígenas.

Proporcionar fondos para nuevos parques y programas de acceso

Los programas que financian la creación de nuevos parques y espacios abiertos—como el Fondo para la Conservación de la Tierra y el Agua (LWCF por sus siglas en inglés)—son de vital importancia para aumentar el ritmo de conservación, crear empleos y conectar a las personas con la naturaleza. El Congreso debe aprobar la Ley Great American Outdoors, que incluye fondos permanentes y garantizados para la LWCF, a fin de continuar protegiendo los espacios abiertos, como parques nacionales, bosques y recursos culturales, así como parques locales, senderos y áreas de juego en los 50 estados.

Al aprobar la ley, los encargados de formular políticas deben asegurarse de que se implementen y distribuyan rápidamente los nuevos fondos para ayudar a abordar los déficits de la naturaleza. Específicamente, el Outdoor Recreation Legacy Partnership dentro de la LWCF debe recibir fondos ampliados y dedicados. El ORLP apoya proyectos que crean parques y expanden oportunidades recreativas al aire libre en áreas urbanas de bajos ingresos en todo el país.lviii

Conclusión

Hoy en día en los Estados Unidos, el color de la piel o el tamaño de la cuenta bancaria es un indicador sólido de si uno tiene acceso seguro a la naturaleza y todos sus beneficios. Como resultado, las comunidades de bajos ingresos, las comunidades de color y las familias con niños tienen disminuidas las oportunidades de recreación al aire libre y el acceso a la naturaleza; deterioro de la calidad del agua potable; empeoramiento de la contaminación del aire; mayor vulnerabilidad al calor, sequías e inundaciones; mayor exposición a la enfermedad, y menos resistencia a los impactos del cambio climático. A medida que los líderes locales y nacionales intentan abordar las crisis climáticas y de la naturaleza, deben reconocer el legado del racismo ambiental y aplicar políticas centradas en la justicia y equidad. La corrección de los factores raciales y económicos que contribuyen a las comunidades privadas de la naturaleza será un componente crítico de este trabajo.

Acerca de los autores

Jenny Rowland-Shea es Analista Senior de Políticas de Public Lands en el Center for American Progress.

Sahir Doshi es Asistente de Investigación para Public Lands en CAP.

Shanna Edberg es Directora de Programas de Conservación para Hispanic Access Foundation.

Robert Fanger es Director de Comunicaciones y Desarrollo de Hispanic Access Foundation.

Agradecimientos

Los autores desean agradecer a Claudia Montecinos, Matt Lee-Ashley, Kate Kelly, Nicole Gentile, Meghan Miller, Chester Hawkins, Keenan Alexander, Tricia Woodcome y Bill Rapp por sus contribuciones a este informe.

Apéndice

El mapa muestra los niveles de privación de naturaleza estado por estado, por raza, etnia e ingresos. Los porcentajes de privación de naturaleza se basan en el promedio de cada estado y funcionan mejor al comparar diferentes grupos dentro de un estado, en lugar de comparar la privación de naturaleza entre estados.

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